Trabajando la neurona

Divagaciones de una mente humana

Nos vamos a la mierda

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Si no tienes muchas ganas de leer, el título resume bastante bien lo que me grita el pecho y necesito escupir en forma de frases conectadas por expresiones de estupor.

Efectivamente, nos vamos a la mierda.
Podemos mirar en el sector que queráis y nos quedamos con ojos como platos vacíos, que es lo que abunda, y bocas tan largas como las colas del paro.

Nos vamos a la mierda y seguimos votando a políticos que es imposible que violen más leyes de las que ya han violado. Que es impensable que nos digan más claro que nos toman el pelo. Llegan a reírse en nuestras caras y les seguimos aplaudiendo. Como en el cole, cuando votábamos de delegado al abusón o al bufón de la clase. En lugar de evolucionar, involucionamos oye…

Mantenemos a serpientes que se recuestan con nosotros. Midiéndonos. Las acariciamos y damos de comer, tratándolas como a nuestras dulces y queridas mascotas mientras que ellas sólo esperan, rígidas como tablas, a poder engullirnos mientras dormimos.

Pero éstas serpientes que menciono no son sólo la cúpula del corrupto poder que nos mangonea, no, hablo de los ciudadanos de a pie, compatriotas que viven del estado chupando ayuda tras ayuda, trabajando bajo cuerda y llorando por los despachos suplicando un cheque de comida en la cruz roja, una alzada de mano para poder aceptar fuera de plazo una solicitud para recibir más dinero, o una vivienda de protección oficial cuando realmente lo que necesita protección son sus pantallas planas, cochazos y billeteras, ya que manejan cantidades muy superiores a las que muchos podemos permitirnos.

Hablo de esas personas que no cumplen requisito alguno pero lo cobran todo. Aquellas que viven a costa del erario público y llegan sin haber cotizado lo suficiente (porque no han querido) a una pensión no contributiva y logran seguir arañando rebajas como si de chicles se tratase. Acaban por lograrlo todo.

Así es que después oímos el tan extendido… “Siempre les toca a los mismos”… “No puedo optar a esa ayuda por mis ingresos…”

Éste último término siempre me hace descojonarme en la coronilla de alguno, por no decir que apetece repartir manuales de matemáticas de primer curso en más de un despacho…
Porque se tiene en cuenta únicamente el ingreso, salvo que seas uno de “los elegidos”, no se valoran los gastos, las personas a tu cargo ni tu situación en general “¡pa’ qué!”.
Me pregunto si cuando a los adorados políticos les ponen dietas mensuales con las que vivirían dos familias e incluso tres durante bastante más de 30 días, también se tiene en cuenta solamente los ingresos…
Pero no debemos olvidarlo… “El que parte, reparte y siempre se queda con la mejor parte”.

Volviendo al tema que nos ocupa… Nos vamos a la mierda.

Ya sin tocar a mi amada y querida política que es la hernia de cualquier país, fijamos nuestra vista en la educación…

A veces me pregunto si realmente ha existido alguna vez.
El sistema se sostiene sobre una base clara: “Enseña lo mínimo, para que nunca tengan conocimientos, ideas, ideales, pensamientos y necesidades intelectuales que no sepas o quieras darles”. Y con ésta base, crea escuelas y evalúa los conocimientos. ¡Tachán! Te presentamos el modelo de educación (llamalo EGB, LOGSE, LOE…) en la que entran mentes ávidas de conocimiento y salen ovejas de esquemas clonados y como mayor sueño: lograr un trabajo y estabilidad.

El “Nos vamos a la mierda”, comienzo a verlo como frase demasiado positiva.

No hablemos de la salud. “Amén y olé”.
No somos conscientes del gran tesoro que tenemos con la Seguridad Social.
Si realmente todos, e insisto, TODOS hiciéramos un uso correcto de ella, seríamos un referente a nivel mundial en cuanto a modelo sanitario. Porque en teoría lo es. Sobre el papel es prácticamente perfecto.
En la realidad nos lo cargamos en el momento en que el egoísmo, favoritismos, enchufes y la gestión “made in Spain” lo mandan todo al garete. Aquí podríamos mencionar y ahondar bien profundo con mis amigos los políticos pero por esta vez lo dejaré estar. No menos cortos podríamos quedarnos si hablamos de los Mamones del estado (esos que mencionábamos hace unas líneas que se enganchan a la teta y secan hasta el Nilo), pero nos quedaremos con el mal uso que todos damos de manera cotidiana con esas recetas indebidas, citas médicas innecesarias, interminables bajas injustificadas y sobre todo el argumento eterno… “Si los demás lo hacen porque no yo”.

No nos vamos a la mierda, nos llega ya por el cuello.
Es el momento de hacer piña y comenzar a hacer por ayudarnos unos a otros para salir, porque como sigamos pisando la cabeza del vecino para sacar nuestra nariz 15cm más, estamos perdidos.

Aunque con la fe en la humanidad que me queda, casi que os deseo mucha suerte, yo me quedo aquí. Sólo hay que ver el tiempo que hace hoy allá por los Estados Unidos…

 

·Antrilewis·

Remember

Tras tiempo sin enfrentarme al teclado, con mi mano oxidada tras el barbecho sin empuñar la pluma, y el frío intrínseco entre comas y puntos… Hoy retomo el control.

Los acentos dan luz a momentos, personas y situaciones de los últimos meses, años… Mientras que los puntos suspensivos dan lugar a incógnitas sobre otros. Pero la vida trata de un texto en el que la ortografía, sintaxis, morfología, figuras literarias y otros, son simples adornos si no se cuenta con la puntuación básica. 

 

Hoy, miro hacia el punto y a parte que separa el texto como meta próxima viendo que he avanzado desde el último párrafo. Y con eso me quedo.

 

Sonríe, disfruta y sé feliz. Aunque el viento parezca huracanado, las lágrimas sólo te entorpecerán aún más el camino.

 

Besinos de chocolate.

La música

La música es uno de los canales de comunicación que mejor llega a las masas. Yo adoro la música. Es capaz de transportarte a situaciones ya vividas, a muchas imaginadas y como no, a las soñadas.

La melodía, el ritmo, la letra, el momento en el que la escuchas, el estado de ánimo… Muchos son los factores que determinan que una canción te guste más o menos. Pero a todos nos llena la música.

Esa sensación de subidón de energía que da escuchar esa canción que te gusta, con el volumen al máximo y dejarte llevar bailando o cantando, incluso ambas a la vez. Es difícil de describir, pero estoy segura que tu sabes a lo que me refiero.

Confieso que siempre me ha encantado hacer playback en mi habitación, con una botella o un bote de desodorante por micro y dejarme llevar por la música. A mi supuesta edad adulta, aún lo sigo haciendo de vez en cuando, de hecho es un claro síntoma de mi lenta pero clara mejoría.

 

Estoy segura, de que te has puesto los auriculares y te has dejado llevar, yendo en autobús, caminando por la calle, en el súper mientras compras y te has arrancado a “cantar”. Ese cantar que está entre un susurro desafinado y un tartamudeo afónico, que aún no sabiéndote la canción entera te has sentido como si fueras la mejor artista.

 

Esa es la ilusión de la música.

 

Culturas antiguas creían que el arte estaba inspirado por musas. La musa de la música que acecha en cada paso que damos escuchando esa canción que nos hace sonreír, que nos llena de energía, que nos recuerda a alguien que no está, o hace que revivamos un momento triste. Hoy en día la música está en nuestras vidas a cada paso, en la radio o hilo musical de comercios, trabajos, en el coche, en casa… En todo sitio que nuestra quería SGAE lo permite a base de talonario.

Hoy, quería dedicar mis humildes palabras a las notas que se convierten en sonrisas cada día, y nos acompañan en este #yoqueséqué que tanto mola.

 

¡Besinos de chocolate!

San Amorín

 

Todos los días se dice te quiero con miradas, con hechos, con mimos… Pero pocas veces se dice con palabras.

Hay muchas clases de te quiero.

El querer de cariño inmenso por una persona que está en tu vida y que la comparte contigo, el amigo.

El querer que no crece día a día porque ya no puede ser más grande, aunque haya momentos en los que serías capaz de estrangular, a la vez serías capaz de matar, pero por ella. Una hermana.

El querer que se siente tan adentro que no hay otro que pueda alcanzarle. A una madre y amiga, a veces hija…

El querer que trascenderá en el tiempo aunque sepa que no puedo volver a verte, a un padre.

Ese querer que inevitablemente se transforma en mimos y achuchones por momentos, y que aunque el enanito gruñón a su lado fuera eso, enano, ni todos los besos del mundo dirían lo que te quiero. Y no es un abuelo sin más, es Marruño.

También nos encontramos con ese querer sin identificar… Personas que ocupan en tu corazón un querer más fuerte que el de un gran amigo, y a la vez los sientes con ese Para Siempre que dicta una familia… Podrían llamarse “Famigos”, yo me quedo en llamarlos directamente family. Porque son mi familia elegida.

Y luego estás tú. Llegas por las buenas, como el que no quiere la cosa, y te vas haciendo sitio como la señora que va a la compra y en la cola empieza a meterse poquito a poco como quien no mira, y va colándose delante de unos y de otros con linda cara de despistada. No sé hasta dónde llegarás adelantando, pero te observaré de cerca.

Siempre he dicho que cada persona que se gana un hueco en mi corazón, nunca lo pierde. De cada uno depende hacer que el espacio crezca o se quede en un arañazo. Tengo el orgullo de poder decir que tengo más mansiones que arañazos, por muchos que sean. A todos, por comercial que sea el día de hoy, aprovecho para deciros que Os Quiero, quienes sois lo sabéis.

A quienes están, que sigáis… Y quienes se han ido “El que se fue sin ser echado, volverá sin ser llamado”, y sino…

Besinos de chocolate.