Cicuta

Tocaron a la puerta y fui corriendo mientras me atusaba el pelo y me miraba de pasada en el espejo.

Abrí y era ella. Imponente e impecable, como siempre. Nos dimos un eterno abrazo y me miró a los ojos con esa mirada suya, que parece que te taladra hasta adivinar tus pensamientos, y me regaló una sonrisa de esas que te cargan de energía. Se acercó a mi oído y me susurró un “Te quiero…” mientras noté un golpe seco en mi espalda. Todo mi cuerpo se quedo paralizado por un frío insoportable y un cansancio invencible me iba adormilando. De fondo oía la música de mi vecina del segundo. Seguía viendo su sonrisa y notaba sus brazos rodeándome mientras oía el gotear de la sangre en el suelo. Lo último que recuerdo fue la calidez de sus labios sobre los míos.

Besinos de chocolate

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