Trabajando la neurona

Divagaciones de una mente humana

A ti

Los sueños no siempre son sueños, algunas veces llegan a hacerse realidad. Eso suele ser motivo de felicidad. Las personas lo añoramos día tras día desde que tenemos uso de razón. El problema llega cuando lo que se hace realidad no es un sueño sino una pesadilla.

 

La finalidad del ser humano es encontrar la formula mágica de la eterna juventud, ser millonarios, encontrar respuestas al inicio de nuestros días, curar enfermedades incurables, tener el mejor coche, la mejor casa, la mejor pareja, peleamos por alcanzar nuestras metas, ascender y subir alto en el trabajo, perseguimos el éxito en la vida… En definitiva: Lograr ser felices.

 

El truco para ser feliz no es delirar todos los días de nuestra vida imaginando que alcanzamos lo que deseamos, sino desear lo que tenemos, amarlo y disfrutarlo al máximo mientras luchamos por seguir mejorando. El presente dura menos tiempo del que se tarda en pronunciar la propia palabra, y el amor, la felicidad, la alegría, el consuelo, la plenitud, la tranquilidad… Todo ello son sentimientos que residen en momentos claros y concretos. En pequeños presentes.

 

El pasado es la historia de nuestra vida en la que se van sumando personajes y vivencias, para que cuando nos paremos un momento y cerremos los ojos, podamos consultar nuestro libro y podamos ser conscientes de los presentes ya pasados que pasamos por alto.

 

Las personas también se van. Pero siempre quedarán reflejados en el libro de nuestra historia para que podamos recurrir a sus páginas siempre que necesitemos traerlos a nuestro presente.

 

La felicidad no es un estado, es un momento. Al igual que el dolor no es un momento, sino una vena más que se acopla en tu corazón y te absorbe la sangre sin que tu te beneficies de ella. Una herida abierta por la que tu mismo te escapas. De ti depende utilizar tiritas o día a día hacerte vendajes para controlarla.

 

Hoy he logrado ponerme una venda y escribirte. Te echo de menos, pero siempre te tendré entre mis páginas y seguirás escribiendo mi historia conmigo.

 

Besinos de chocolate, mi bigotes.

Anuncios

Pues… Hoy

Hoy es uno de esos días en los que la pluma se vuelve consejera además de amiga. Transporto mi cabeza al teclado con la intención de leerme por dentro y ser capaz de analizar lo que pienso y lo que siento, intentando encontrar algo de estabilidad dentro del caos.

Es curioso, el caos en mitología es lo que precede a, lo que existía antes del inicio. Para mi es la conjunción de todos los campos en mi haber, mezclándose unos con otros y convirtiéndose en un nudo digno de los auriculares de cualquier transeúnte en un día cualquiera.

Así está mi vida en los últimos tiempos, volviéndose un terreno pantanoso en el que las arenas movedizas corren tras de mi como si las condenadas fueran hijas del mismísimo Usain Bolt.

Es irónicamente gracioso ver cómo puede cambiarte la vida en un segundo cuando te toca la lotería, o en su defecto, en dos meses cuando te viene a visitar alguna enfermedad hija de puta.

Creo que la conclusión puede verse claramente, a lo que egoistamente me contesto con un: “vete a la cama y desconéctate”.

 

Besitos en vinagre.

El mundo en 10 palabras

La palabra “beso” me cautiva por su sensualidad, transmite todo el sentimiento que cabe en ti hacia la persona que lo recibe. La propia palabra “sensualidad” habla de todo lo que una persona esconde dentro de sí que habitualmente es considerado como un caluroso secreto.

Secreto” es el misterio de una figura que siempre acaba por compartirlo con otro semejante y saliendo a la luz por boca de unos y de otros, dejando así de serlo.
La cuarta palabra podría ser “velocidad“, ese momento en el que un objeto te hace ir más rápido de lo que el mundo gira y te transporta a un momento en el que parece que eres tu mismo el que hace girar al globo.

Sabor” es la conexión entre la propia realidad y uno mismo. Podemos identificarlo con momentos, con sentimientos, con personas, con lugares… ¡Es tan grande!
La propia “palabra” engloba todo lo que queremos recoger para luego transmitir. Sustituye todo aquello a lo que no podemos ponerle nombre, mientras que el “miedo” es la definición de todo a lo que no nos atrevemos a nombrar.
Supercalifragilisticoespialidoso” la identificamos desde la infancia con la felicidad y la fuerza de perseguir la alegría y a la vez nos transmite, por su complejidad, lo inalcanzable que encontramos la plenitud.
Salud” es aquello que obviamos en cada segundo cuando lo tenemos y algo que soñamos cuando nos falta siendo capaces de entregarlo todo a cambio.
Ojo” es de las más breves y una de las más profundas. Expresa todo aquello que a las palabras se le escapan. Todo lo que los gestos ocultan y que necesita salir a la luz para tomar forma.

¡Besinos de chocolate!

Scabbers

Abrí los ojos y pegué un salto. Me tiré de la cama y me fui al baño corriendo. A la vuelta miré el reloj, pensando que llegaba tarde y que me había dormido. Marcaban las 5:00h. Después de llamarme de todo y de sentirme frustrada por no aprovechar las poquitas horas de sueño de las que puedo disfrutar, volví a enfadarme conmigo misma. Me había ocurrido otra vez. Una vez más desde hace exactamente dos años.

Me metí de nuevo en la cama y sin llegar a dormirme me quedé con el gusto del duermevela, dando vueltas a circunstancias y situaciones. Como dice mi madre “vamos a arreglar el mundo un ratín”. Me puse la música, pretendiendo distraerme y evitando pensar (sí, aunque parezca mentira en algunas ocasiones lo intento…). Sonaron un puñado de alegrías, esas melodías que te cargan las pilas y hacen que aún estando metida en la cama intentes bailar, aunque sólo sea moviendo los pies y las manos , haciendo que cantas (porque no me voy a poner a grito pelado a esas horas, si así fuera muchos entenderían la lluvia de esta mañana). En ese momento en el que te encuentras totalmente motivada y decides que hoy va a ser diferente, que hoy va a ser un gran día, que hoy va a ser tu día… Suena el despertador. En ese momento sentí como si me arrancaran las uñas de los pies y me echaran sal en las heridas. El estómago se me hace una bola imposible de digerir, que no tengo claro cómo llegó hasta ahí, pero tampoco como narices piensa salir… Con la pesadumbre sobre mis hombros (y sobre mis pies, y sobre mis manos, y sobre mis párpados…) me arrastro a la cocina cual zombie digna de película americana, con pretensión de hacerme un desayuno fiel a mi ánimo –o supuesto ánimo- infundado por mis reflexiones. Acaba por quedarse en un té sin azúcar apenas y una tostada de aceite. Sano y poco trabajoso para la falta de fuerza matutina. Sin apenas poder despegar los ojos, me subí en la moto camino al trabajo.

Un día de dimes y diretes, con sus momentazos intocables en los que los cables hacen un chispazo en el cerebro y las manos entran automáticamente en los bolsillos por no empezar a volar por la habitación a palma abierta. También, hay que decirlo, tenemos de esos otros momentos, en los que una sonrisa te arranca otra. Recién salida del trabajo y con la terea finiquitada, con ese saborcillo que se te queda después de una onza de chocolate, que tu boca saliva esperando más. Me voy sabiendo que estoy contenta con lo que hago –no nombremos para quién ni cómo, que estoy muy feliz así-. Y me fui a recoger mi última adquisición, después de tanto tiempo pelearla…

Entré por la puerta del concesionario sintiéndome invencible, sonriendo de oreja a oreja por la sensación de haber logrado una vez más mi meta y procedí a cogerla. Después de subirme en ella me entró un gusanillo por el estómago. Es mía –más correcto sería decir que del banco, pero mía-. El día nublado y lloroso, con el suelo resbaladizo y el trafico a todo tren por las horas, se convirtió en un gran gustazo a disfrutar y decidí darme un largo paseo. Me metí en la autovía y la probé dándole gas. Música para mis oídos.

Sin haber acabado de disfrutar aún de ese momento, me descubro ya pensando en mi siguiente meta, la cual me estoy trabajando y que sé que pronto tendré más al alcance de mis teclas.

Ya os iré contando…

¡Besinos de chocolate!